Estrategias contra el olvido

En Educación, uno de los desafíos más persistentes que nos encontramos es lograr que el aprendizaje de nuestro alumnado sea profundo y resistente al paso del tiempo. Recientemente he leído y disfrutado del estupendo libro «Enséñame a enseñar» (Graó), por Albert Reverter quien dedica un apartado muy interesante (como el resto de la publicación y que desde aquí os recomiendo) titulado «Contra el olvido», donde explora y reúne estrategias sobre cómo la ciencia cognitiva puede transformar nuestra práctica docente a través de las denominadas «dificultades deseables» de Soderstrom y Bjork. Esta perspectiva la he encontrado muy relacionada con la finalidad de toda evaluación formativa: analizar para mejorar el aprendizaje de nuestro alumnado. Este tipo de estrategias se enmarcan muy bien en este proceso.

A continuación, os detallo los conceptos y estrategias más relevantes compartidos por Reverter para consolidar un aprendizaje duradero y que deberíamos considerar en nuestras propuestas didácticas:

Las claves de la memoria: almacenamiento y evocación.

Para comprender por qué olvidamos, Reverter nos introduce en la interacción entre dos factores destacados: la capacidad de almacenamiento (cuánto se guarda en la memoria a largo plazo) y la intensidad de evocación (con qué facilidad podemos recuperar esa información).

A partir de esta relación, se definen cuatro estados del aprendizaje que justifican las estrategias siguientes y que podemos visualizar en la siguiente imagen:

Las cinco estrategias para un aprendizaje eficaz.

En relación a lo anterior, Reverter nos propone cinco estrategias clave, basadas en la evidencia científica, para integrar el tiempo y la repetición de manera efectiva en el aula. Veámoslas a continuación:

1. Espaciar la práctica.

Frente a la ineficacia de la «práctica masiva» (el clásico atracón de estudio), la práctica espaciada sugiere distribuir la información en intervalos de tiempo. Presentar los contenidos poco a poco a lo largo de días, semanas y meses puede mejorar significativamente la retención de los aprendizajes en nuestro alumnado.

2. Evocar (retrieval practice).

Albert destaca que «usar nuestra memoria mejora nuestra memoria». El acto de evocar —es decir, el esfuerzo por recuperar información que ya está en la mente, aunque sea de forma débil— es más eficaz que una sesión de estudio clásica basada en la simple lectura. Este esfuerzo cambia la representación del recuerdo y lo fija con mayor fuerza.

3. Intercalar la práctica.

En lugar de practicar bloques aislados de un solo tema, se nos sugiere mezclar diferentes temas relacionados. Aunque esto puede generar confusión y resultar más retador para el alumnado, es precisamente ese nivel de reto lo que el nuestro cerebro necesita para mantenerse activo y distinguir mejor los conceptos.

4. Sobreaprender.

Una vez que se ha alcanzado el dominio inicial de un material, la recomendación es dedicar un 20% adicional de tiempo a seguir practicándolo. Este proceso favorece la automatización, permitiendo que la memoria de trabajo libere recursos y el conocimiento se integre de forma definitiva en los esquemas de la memoria a largo plazo.

5. Examinar con frecuencia (pruebas de bajo riesgo).

Reverter propone redefinir el uso de los exámenes. En lugar de ser herramientas de presión o con un carácter sumativo, deben ser herramientas de metacognición al servicio de la evaluación formativa.

  • Pruebas de bajo riesgo: Testeos frecuentes que no conllevan una calificación, pero que fuerzan la evocación.
  • El patrón de éxito: La evidencia muestra que una sesión de estudio seguida de tres sesiones de prueba fija la información de manera mucho más duradera que cuatro sesiones de estudio consecutivas.

En resumen, el objetivo de estas estrategias no es simplemente que los alumnos aprueben un examen, sino crear una verdadera cultura del aprendizaje en el aula. Al integrar estas «dificultades deseables» en nuestra planificación didáctica, estamos ofreciendo a los alumnos de herramientas cognitivas que les permitirán transformar la información que reciben en conocimientos más duraderos y recuperables para las diferentes actividades o tareas que deban realizar.

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