Pensamiento hexagonal como evocación del aprendizaje

He leído una entrada en Edutopia que me ha llevado a la estrategia de pensamiento hexagonal para trabajar la recuperación de la información por parte de los estudiantes en clase. Me ha llamado especialmente la atención por su capacidad de estructurar y relacionar el conocimiento de forma visual. Tras leerla detenidamente, he pensado que puede ser una interesante técnica para trabajar la evocación en clase por lo que me he animado a compartirla de modo más desarrollado en el blog.

La importancia del repaso diario

Integrar pequeñas actividades de recuperación de memoria en la rutina diaria puede marcar la diferencia en el aprendizaje del alumnado. Para que este proceso sea realmente efectivo, no basta con activar los conocimientos previos de forma aislada; es fundamental planificar en nuestra evaluación formativa momentos específicos en los que el alumnado deba relacionar diferentes conceptos y justificar esas conexiones, transformando la simple repetición en un aprendizaje más profundo al tener en cuenta precisamente dichas relaciones.

Sabemos que cuando volvemos a conceptos anteriores de forma breve y estructurada, el alumnado desarrolla una mayor confianza y puede obtener mejores resultados en sus evaluaciones. Este enfoque de repaso constante y andamiado asegura que el material se refuerce progresivamente (práctica espaciada), permitiendo que la información perdure en la memoria a largo plazo, en lugar de “desvanecerse” al terminar la situación de aprendizaje. Además, al tratarse de actividades rápidas y dirigidas, se integran sin esfuerzo como un puente natural entre los contenidos pasados y los actuales, ya que se habrá transformado en aprendizaje para que el alumnado lo use cuando se le requiera en una actividad determinada.

¿En qué consiste el aprendizaje hexagonal?

Más allá de memorizar datos aislados y que los estudiantes empiecen a ver «el mapa completo» de su aprendizaje, el pensamiento hexagonal puede ser una buena opción. Esta técnica consiste en organizar conceptos clave escritos en piezas hexagonales de modo que las ideas relacionadas se toquen físicamente por sus lados. Al tener seis lados, cada concepto puede conectarse con múltiples ideas simultáneamente, creando una red visual de conocimiento.

¿Por qué funciona?

Según la experiencia de Betsy Potash en un artículo en The Cult of Pedagogy, esta actividad transforma la dinámica del aula basándose en los siguientes puntos:

  • Pensamiento crítico: El objetivo principal es sacar a los estudiantes de la memorización pasiva. Al no existir una única «respuesta correcta» sobre cómo conectar los hexágonos, se ven obligados a evaluar múltiples posibilidades, lo que eleva el nivel de la conversación.
  • Discusión creativa: Los hexágonos son solo el punto de partida. El valor real reside en el proceso de debate: los estudiantes deben negociar la posición de cada pieza y, lo más importante, aportar evidencias sólidas que justifiquen cada conexión realizada. Creo que este es un punto muy importante en esta estrategia.
  • Interdependencia y colaboración real: Aunque puede trabajarse individualmente, esta técnica fomenta el aprendizaje cooperativo debidamente estructurado. Esto crea un entorno de trabajo donde el éxito depende de la integración de diferentes perspectivas.
  • Visualización de problemas complejos: Al ser un formato no lineal, permite que los estudiantes examinen problemas amplios (como el cambio climático) y descubran conexiones novedosas entre ideas que, de otro modo, parecerían inconexas como, por ejemplo, en un libro de texto.

¿Cómo aplicarlo?

    1. Crea los hexágonos: Relaciona o une conceptos, personajes o eventos en piezas hexagonales (papel o digital). Te dejo una plantilla para que puedas hacer una copia y usarla en formato digital si lo prefieres. Como alternativa, se pueden establecer las relaciones de los conceptos añadiendo el número de dicho concepto junto a los límites de los respectivos hexágonos.
    2. Busca conexiones: Los alumnos organizan las piezas buscando relaciones lógicas y discutiendo las intersecciones más complejas.
    3. Debate y justifica: Los grupos pueden utilizar flechas de conexión para señalar los puntos clave y defender sus decisiones, lo que activa la metacognición.
    4. Se pueden mostrar todos los trabajos del alumnado en clase a modo de gallery walk: mostrándolos todos juntos en la pared y así comparar y reflexionar sobre el trabajo de todos los compañeros.

En conclusión, combinar la constancia de los repasos diarios con la profundidad del pensamiento hexagonal permite que el aprendizaje pase de ser algo temporal a algo duradero y significativo. ¿Crees que puede tener cabida en tus clases? ¿Cómo lo llevarías a cabo?

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