El potencial de los vídeos educativos reside en ofrecer a los estudiantes la posibilidad de desarrollar un aprendizaje autónomo, adaptado a su propio ritmo para la adquisición de aprendizajes. Están directamente relacionados con el concepto de Mobile Learning (aprendizaje en cualquier lugar, en cualquier momento y de cualquier forma), debido a la irrupción de internet y el rápido acceso a la información desde los dispositivos móviles. Además, el alumnado puede acceder a dichos contenidos desde teléfonos móviles o tabletas, previamente seleccionados o curados por el docente para trabajar las destrezas cognitivas de orden inferior de Bloom. El tiempo de aula se dedicará, por tanto, al desarrollo de metodologías inductivas que conduzcan a los estudiantes a la creación de productos de aprendizaje basados en experiencias significativas para ellos.

El uso de los vídeos educativos es ampliamente usado en flipped learning por ese mismo objetivo. Del mismo modo, no podemos entender este tipo de vídeos como simples trozos o partes de información que los alumnos consumen sin ninguna guía. Tal y como afirma Juan Pablo Sánchez del Moral, “en flipped learning, los vídeos no se ven, se trabajan”. Es por ello que debemos entender que el uso de vídeos educativos en el contexto del aprendizaje inverso son usados como herramientas de aprendizaje, bien creadas por el docente o bien seleccionándolos desde los distintos repositorios ya existentes (Khan Academy, Crash Course o YouTube). El docente sigue siendo una pieza fundamental para que la propuesta de enseñanza-aprendizaje sea fructífera ya que deberá considerar si los vídeos elegidos tienen un fin pedagógico determinado, dependiendo de los objetivos que se quieran lograr. Es cierto que podemos encontrar un vasto número de vídeos educativos en YouTube, pero son pedagógicamente muy pobres.

Por un lado, un ejemplo podría ser cualquier vídeo de Khan Academy, en donde se nos explica el procedimiento para conocer trigonometría básica. A lo largo de la explicación, únicamente se centra en los primeros estadios de la taxonomía de Bloom: recordar y comprender; no existiendo ninguna relación significativa con el alumno ni tampoco una orientación sobre aplicación real y contextualizada para que el estudiante pueda crear un producto partiendo de lo recordado y comprendido previamente. En líneas generales, podríamos afirmar que el alumnado encontraría problemas o dificultades a la hora de aplicar dicho contenido, dada la situación.

Por otra parte, hay un grupo de vídeos educativos en YouTube que no solo presentan y transmiten la parte conceptual de un aprendizaje, sino que además invitan a los espectadores a que apliquen lo aprendido de un modo constructivo. El punto clave en este sentido es que el presentador no solo ofrece la información, sino que conduce a los espectadores hacia la aplicación real y significativa de lo que se ha intentado compartir, es decir, se evidencian ejemplos sobre cómo y dónde podría usarse dicho contenido. En mi caso particular, he intentado hacerlo de esta forma cuando no solo quiero explicar un concepto determinado, sino que pretendo interactuar con mi alumnado para que lo ponga en práctica a lo largo del vídeo. Puedes ver un ejemplo de ambos casos en estos dos vídeos.

En definitiva, te propongo las siguientes preguntas-guía que pueden orientarte para hacer que tus vídeos sean más ricos y productivos para nuestros estudiantes:

  1. ¿El vídeo incluye preguntas abiertas o simplemente se centra en la narración de hechos?
  2. ¿Se les pide a los estudiantes que apliquen lo expuesto mediante ejemplos o simplemente que recuerden y comprendan?
  3. ¿Se les da la oportunidad a los estudiantes para comparar y contrastar las ideas expuestas?
  4. ¿Se aportan ejemplos que permitan a los estudiantes aplicar el contenido transmitido en situaciones reales?

En flipped learning los vídeos son una potente herramienta de aprendizaje con la que podemos motivar a nuestros estudiantes no solo a adquirir un conocimiento (agentes pasivos) sino que además podemos interactuar con ellos para que desarrollen más destrezas y competencias relacionadas (agentes activos) con las que se trabajará de un modo más profundo en el aula. Bergmann y Sams afirmaron que “el vídeo es el nuevo texto”. Para que ese “nuevo texto” sea realmente eficaz y productivo, las herramientas que aportemos a nuestros estudiantes también deben serlo.

 

Entrada adaptada del recurso original que puedes encontrar aquí.