Flipped ClassroomLecturas

“Aprender al revés.” Una guía para invertir (en) tus clases.

Raúl Santiago y Jon Bergmann han publicado recientemente “Aprender al revés” (Paidós Educación); una obra en la que presentan el enfoque del aprendizaje inverso y su aplicación junto con metodologías activas en el aula, que describen y justifican detenidamente. Tras el prólogo por parte de Eric Mazur, los autores profundizan a lo largo de 227 páginas divididas en 10 capítulos, entre otros, sobre la complejidad de desarrollar procesos de enseñanza-aprendizaje basados en metodologías activas, cómo optimizar nuestro tiempo en el espacio grupal o conocer consejos de varios docentes que ya aplican el aprendizaje inverso en sus clases. Comenzamos la lectura del libro, conociendo las experiencias profesionales de los autores en las que comparten sensaciones, experiencias y ejemplos puntuales sobre cómo les hicieron replantearse sendas metodologías. 

En líneas generales, aspectos cómo a qué dedicamos principalmente el tiempo de clase, la revisión del currículo o las herramientas de evaluación ocupan las primeras líneas del libro que nos animan a plantearnos otras formas, otras propuestas para llegar a las metodologías activas desde lo micro a lo macro teniendo en cuenta aspectos tan importantes como la personalización, la preparación futura o la importancia de una buena pedagogía y didáctica con las que basar nuestra estrategia docente.

Los siguientes capítulos se centran en cómo diseñar las mejores técnicas para aplicar flipped learning tanto en el espacio individual, como en el espacio grupal. En cuanto al espacio individual, se deja muy claro por dónde debemos comenzar aportando una serie de consejos que deben ser nuestro indiscutible punto de partida. Además, se nos aconseja sobre cómo han de ser los productos que creemos, la duración de los vídeos flipped o cómo podemos contribuir a la interactividad en el espacio individual. Todo ello se complementa fantásticamente haciendo referencia a la importancia de la competencia digital docente, sobre cómo nos ayudará tanto a diseñar nuestras propuestas de aula, como enriquecer el aprendizaje de nuestro alumnado.

En relación al espacio grupal, los autores concretan cómo cada una de las propuestas presentes pueden ayudarnos a hacer del espacio grupal un lugar de aprendizaje profundo y significativo. Podemos encontrar recursos tanto gráficos como bibliografía que nos ayudarán a conocer más detenidamente cada una de ellas con el objeto de adecuarlas a nuestra realidad y contexto de aula.

Después es el turno de centrarnos en qué dice la investigación sobre flipped learning. Me ha llamado la atención los estudios e investigación desarrollados por Robert Talbert y sobre cómo el número de documentos al respecto ha ido creciendo significativamente desde 2012. En este aspecto, se nos invita a investigar, a consultar, a conocer en qué medida el enfoque flipped learning impacta en los distintos niveles educativos a nivel internacional. Es un capítulo que se centra además en aportar estudios en los que se analizan cómo el tipo de aprendizaje, de docente o determinados factores pueden tener una incidencia en el aprendizaje de los estudiantes (Hattie).

Tras ello, los autores detallan cómo las analíticas del aprendizaje pueden ayudarnos a mejorar nuestras propuestas de aula, sabiendo interpretar los datos que obtenemos del espacio individual para ser lo más objetivos posibles a la hora de diseñar actividades, tareas…etc en nuestra aula. Además, comentan su impacto y beneficio en los distintos procesos de evaluación y sobre cómo una retroalimentación adecuada puede ofrecerles información muy valiosa a nuestro alumnado sobre su proceso de aprendizaje.

El libro concluye, por un lado, con un capítulo de experiencias docentes (entre los que he tenido el placer de participar) de todos los niveles y materias. A lo largo de él, aportamos nuestro punto de vista sobre cuestiones como la realización del trabajo previo en casa, el desarrollo profesional docente, la importancia de los distintos niveles cognitivos en el diseño de tareas o el dilema sobre el uso de recursos audiovisuales, bien propios, bien ajenos. De nuevo, quisiera agradecer a los autores la oportunidad de aportar mi granito de arena en esta sección.

Por otro, se reflexiona en el capítulo final sobre qué elementos han de ponerse en movimiento para que el cambio se produzca; destacando conceptos como la actitud, la norma subjetiva, la percepción sobre la autocompetencia, profesores colonos, profesores que actúan por “moda” o los que actúan por actualización o modernización. Conceptos que los autores argumentan de un modo muy interesante cómo nuestro cerebro reacciona ante los cambios y qué zonas del mismo se ven afectadas al respecto.

En definitiva, “Aprender al revés” es un estupendo libro que todo docente interesado en enriquecer sus clases debería consultar, ya que no solo se basa en profundizar cómo el enfoque de la clase inversa puede beneficiar nuestras propuestas de aula, sino que además nos aporta los pasos a seguir, qué destrezas debemos adquirir como docentes y cómo deberíamos proponerlo a nuestros estudiantes gracias a una selectiva e interesante bibliografía que, sin duda, nos hará ir más allá del último capítulo.